Hay nombres que calientan solo con oírlos.
Kandela, con K, suena a fuego, a brasas, a ese crepitar que anuncia algo bueno en la cocina. Y eso es precisamente lo que encontramos en este nuevo proyecto del Grupo Riojano, en la calle Bonifaz de Santander, una vía que se ha convertido en epicentro gastronómico de la ciudad.
El local ocupa el espacio donde antes estuvieron Bodegas Quintanilla y, más tarde, Bodegas Puertochico. Hoy, en su lugar, se respira otra energía: la del fuego controlado, visible, protagonista. Una parrilla abierta al público marca el pulso del restaurante, y desde casi cualquier mesa se ve cómo las brasas transforman la materia prima en sabor.


La esencia está en la brasa
El concepto no es nuevo, pero sí lo es su forma de interpretarlo. Aquí la parrilla no es solo técnica, es identidad. En ella se asan carnes, pescados y algunas elaboraciones con un punto de humo que redondea cada bocado.
Al frente, el chef Fabio Alonso, con experiencia en cocinas con estrella en Cantabria y Madrid, imprime oficio y precisión. El resultado: una cocina sincera, de producto, sin fuegos artificiales.
Los clásicos de la casa madre —las croquetas, la ensaladilla rusa— comparten protagonismo con nuevas creaciones como el bocado de chistorra en pan bao, las mollejas a la parrilla con setas o el famoso Tomahawk, servido con ese punto de cocción que solo un buen parrillero domina.
Y no solo de carne vive Kandela: pocos restaurantes en Santander pueden presumir de hacer un pescado a la parrilla en su propia pinza “besuguera”, una rareza que rescata el sabor auténtico del Cantábrico.



Una sala con alma
La experiencia se completa con una sala bien dirigida. David, histórico del grupo, maneja el servicio con precisión y simpatía, en ese equilibrio difícil entre la profesionalidad y la cercanía. La decoración acompaña: luz cálida, materiales nobles y una atmósfera donde el protagonismo está en la mesa, no en el artificio.


El fuego como lenguaje
Kandela es mucho más que un nuevo restaurante: es una declaración de intenciones. El fuego no es solo un medio para cocinar, sino una forma de comunicar —con el aroma, el sonido, el ritmo— que la cocina bien hecha sigue viva en Santander.
Para quienes disfrutamos de comer con calma, de mirar cómo chispea la brasa mientras el vino respira y el perro se acomoda bajo la mesa (sí, aquí también hay hueco para él), Kandela es una parada obligada.
Una casa donde el fuego no se apaga: se comparte.
Kandela
C/ Bonifaz, 9
39003 – Santander
Tel: 942 526583


